27 dic 2021

Estrellita

 


Estrellita era la mas pequeña de cinco hermanas. Feliz y querida por todos andaba día y noche de acá para allá sin parar. “Fugaz” empezaron a llamarle algunos por la velocidad con la que se movía. Su padre, El Lucero del Alba, de reconocido prestigio en el universo de las Estrellas, ya no sabía que hacer con ella. Su madre, Casiopea, se armaba de infinita paciencia pues, al fin y al cabo, Estrellita, era como lo fue ella de pequeña: rebelde y pizpireta.

            Cuando su esposo se enfadaba y la reñía alterado, Casiopea le decía:

─ Ten paciencia Lucero… cambiará con el tiempo. Dejará de correr de un lado a otro como cometa sin rumbo y encontrará cuál es su función en el Universo ¿No recuerdas como era yo cuándo me conociste?

            Y el Lucero del Alba fingía enfadarse… y consentía, pues no podía resistirse a la luz que Casiopea irradiaba.

            Un día, cuando Estrellita sobrevolaba fugaz el desierto de Judea, escuchó el llanto de un pequeño en mitad de la noche. Algo en su interior se estremeció y le obligó a frenar en seco. Sentía la necesidad de averiguar de quién era el lloriqueo que salía de aquel destartalado pesebre. Se acercó despacito hasta ver a un niño que estaba entre trapos, sobre un colchón de paja, quedando prendada de él cuando vio su redonda carita. Y Jesús, pues así se llamaba aquel pequeño, la miró… y le regaló una enorme sonrisa.

            Estrellita, en ese mismo instante, se vio presa de aquella sonrisa y de la luz y la paz que la mirada del niño desprendía. Y así, de repente, sintió que, por fin, había descubierto cual era su lugar en el Universo; alumbrar aquel pesebre para anunciar a todos los hombres y mujeres del mundo el nacimiento de aquel niño.

            Y desde entonces ─ dijo mi abuelo ─ una estrella brilla con fuerza y muy quieta en el cielo nocturno irradiando más luz cuándo llegan estas fechas.

            Y así fue como aquella Navidad, gracias a mi abuelo, descubrí a Estrellita, la que siempre alumbra el Portal.


                                                            Jesús Coronado

22 dic 2021

El Escaparate

 

EL ESCAPARATE

 

         Aquello era todo un canto a la abundancia. Fiambres, quesos y todo tipo de chacinas aguardaban en un orden perfecto a que el tendero tuviera a bien escogerla y laminara según el gusto del cliente.

         Yo, babeo imaginando que soy una papila gustativa inmensa a las puertas de una opulenta cena de nochebuena, anticipando los aromas, texturas y sabores de todas aquellas viandas.

         Pero la luz ha empezado a parpadear antes de apagarse. Es tarde. Me paso la manga por la comisura de la boca y antes de echarme la manta sobre la cabeza, le doy el último mordisco al mendrugo mientras acomodo mi sesera encima de los cartones, a los pies del escaparate.   


                                      Jesús Coronado


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