3 may. 2012

LUISA





            Conocí a Luisa en primero de básica. Su sonrisa y el caramelo compartido, hicieron que me enamorara de ella al instante. Recuerdo que me convertí en su fiero paladín, luchando por sus causas perdidas y defendiéndola de malvados villanos que osaban acercarse con malas intenciones. De hecho, Ricardo, el villano del pupitre de al lado, fue el primero en romperme la nariz por una pequeña disputa relacionada con un chicle de menta. 

            Los años pasaron para los dos y mi amor creció en la misma medida que mi afán de protección. A mis dieciséis, seguía siendo su paladín... sólo su paladín.

            He recibido una llamada de Luisa esta mañana. Su relación con Antonio no funciona. Me ha extrañado que me llamara. Aunque sé perfectamente cuales son sus movimientos y avatares, hace ya muchos años que dejó de ponerse en contacto conmigo para contarme sus penas. La desaparición de su primer novio, Pedro,  dio como resultado su falta de comunicación, pero no me importaba. Juré que cuidaría de ella. Mi determinación era firme, y su rechazo en bachiller solo hizo que me reafirmara en la misión.

Su vida ha sido un ir y venir constante. A veces pienso que simplemente quería huir de mí, pero el destino me ha hecho desplazarme casualmente a los mismos sitios que ella. Cuestiones de trabajo.

La cafetería está concurrida. Yo hubiera preferido algo más íntimo, pero no ha querido. La veo nerviosa, fumando sin parar y moviendo su pierna derecha desde que llegó y se sentó en la terraza.  Salgo del coche aparcado en la esquina y me acerco mientras vienen a mi mente los recuerdos de su ajetreada vida… y de la soledad de la mía.

Se ha sobresaltado cuando me ha visto. Me dice que no puede seguir así, que su vida no es vida. Y no me extraña que piense así, Antonio es el sexto novio y en todos he visto miradas de menosprecio, actitudes ofensivas hacia ella, falta de amor. Precisamente lo que a mí me sobra.

Mientras pienso en esto, Luisa rompe a llorar y a mi me rompe el alma. Entre sollozos y miradas acusadoras la convenzo para salir de la cafetería. Le prometo que todo acabará a partir de ahora. A nuestra edad creo que ya es hora de que ambos empecemos a ser felices.

Abro el maletero del coche y, con sumo cuidado, deposito su cuerpo en el suelo. Su ajetreada vida y sus viajes de ida y vuelta ya han terminado. Voy a dejarla en compañía de Pedro, Juan, Alfonso, José y Alberto. Creo que es lo mejor para ella.

De Antonio ya me encargaré más tarde.

                                                                                               

                                                                                                                       Jesús Coronado

2 comentarios:

  1. Muy bueno, Jesús, el Angel protector y enamorado de Luisa hacía bien su trabajo, je je je, la cuidó de todos, pero menos de él mismo.
    Abrazos.

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  2. Gracias Antony. Cierto, pero ¿quién es capaz de ver sus propios defectos? El amor y la obsesión tienen estas cosas.

    Un abrazo.

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