21 jun. 2013

¡Ese no es mi rostro!




Estiró las facciones con los dedos índice y corazón  unidos, una mano a cada lado. Observó como, en el reflejo que el espejo le devolvía, desaparecían las arrugas y la piel quedaba tersa, natural. Estaba casi perfecto. Por fin había encontrado lo que buscaba. Desde que salió de la unidad de quemados del hospital hace dos años, era la más parecida a su antiguo rostro. El fuego había hecho bien su trabajo, pero la cabezonería era una de sus virtudes y pudo más que el desánimo que le sobrevino después de aquel desgraciado accidente.

Luis retiró con cuidado la piel que cubría su desfigurada cara y la dejó a un lado hasta comenzar con el trabajo de conservación. Limpió las gotas de sangre que salpicaban su rostro y se puso los guantes. Ahora, como tantas otras veces, tenía que eliminar los restos del cadáver.


                                                          Jesús Coronado  -  2013

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