8 dic. 2013

¿Tú eres de Papa Noel o de los Reyes Magos?

                                                                                                                                 



A mí me educaron creyendo en los Reyes Magos. Dejar los zapatos en el balcón junto a un trozo de pan duro y un recipiente con agua para que los camellos pudieran reponer fuerzas y continuaran repartiendo los juguetes, y esperar pacientemente hasta la mañana para abrir mis regalos.
Mis abuelos sin embargo, me hablaban de un tal Papa Noel que dejaba los juguetes el día de Navidad. Pero a mí ese viejo me sonaba más a anuncio de Coca Cola que a un rey mago que repartiera juguetes.
Aquella Nochebuena mis abuelos aparecieron por casa para quedarse a cenar. Mi madre, en avanzado estado de gestación, dijo que era mejor así. Llevaba unos días que no se encontraba demasiado bien y debía ser verdad, pues a mitad de la cena dijo algo relacionado con rotura de aguas y todos se pusieron como locos. Recogieron unas bolsas que tenían preparadas en la habitación y mis padres y  abuela salieron a toda prisa hacia el hospital sin darme explicación alguna.
Yo  quedé a cargo de mi abuelo, el de Papa Noel. Terminamos de cenar y harto de que me metiera prisa para irme a dormir, decidí meterme  en la cama después de darle las buenas noches.
Pero no saber que le había pasado a mi madre me mantenía desvelado. Pasada una hora más o menos, empecé a oír unos extraños ruidos en el comedor. En primer lugar pensé que mis padres habían vuelto del hospital, pero tras los primeros momentos me di cuenta de que no eran los sonidos habituales. No hubo ruido de puertas, ni voces, sólo unos pasos sigilosos y el ruido de quien arrastra algo por el suelo. Me armé de valor y  en el más absoluto silencio me acerqué hasta lugar de donde provenían. Asomé la cabeza con cuidado y pude ver en la penumbra a aquel abuelo de barba blanca, vestido con un ridículo traje rojo, que bajo el árbol manipulaba un gran saco que portaba a sus espaldas. Quedé paralizado. Había entrado un ladrón en casa. Por un momento pensé en llamar a mi abuelo, pero recordé de pronto que mi padre guardaba una escopeta en su habitación. La recogí  sin hacer ruido, encañoné a aquel gordo... y disparé.
A la mañana siguiente me dijeron que el retroceso del arma me hizo caer golpeándome en la cabeza. Perdí el conocimiento. Pero nadie supo o quiso darme más explicaciones. El nacimiento de mi hermano las acaparó todas. Sólo pude entender algo relacionado con que los cartuchos de sal y el culo no se llevaban muy bien. Aunque lo realmente extraño es que mi abuelo nunca volvió a mencionarme a Papa Noel, además de estar dos semanas sin poderse sentar a gusto.  Así que definitivamente yo soy de los Reyes Magos, ¿Y tú?

                                                                          Jesús Coronado  -  2013

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